Por Noam Chomsky
Sexto Piso. 127 páginas

Los dos breves ensayos de Noam Chomsky (Philadelphia, 1928) reunidos en esta nueva edición presentan hoy una relevancia que, desde luego, no pudo ser prevista por su autor cuando los escribió en 1967 y 2011, respectivamente.

Englobados bajo el título del primero de ellos, ambos escritos nacieron inspirados por una preocupación común pero en contextos diferentes entre sí, y que a su vez poco tienen que ver con el proceso que empezó en el mundo a partir de marzo de 2020, aunque ayudan a comprenderlo.

En el texto de 1967 el célebre lingüista objetaba el papel de los intelectuales frente a los fundamentos (o pretextos) esgrimidos para justificar la intervención estadounidense en Vietnam. En el de 2011 abordaba la mínima reacción de las clases esclarecidas ante la decisión del presidente Barack Obama de capturar y ejecutar a Osama Bin Laden, para arrojar luego su cadáver al mar.

Al cuestionar la “responsabilidad de los intelectuales”, Chomsky establecía una distinción en esa categoría influyente. Por un lado estaban los que actuaban guiados por valores; por otro, los tecnócratas al servicio de Estados y gobiernos. Desde la Segunda Guerra Mundial los primeros habían quedado eclipsados por los segundos debido a su defensa de posiciones calificadas de principistas o idealistas en sociedades cada vez más dominadas por la técnica y el pragmatismo.

La distinción clave entre ambos grupos podría cifrarse en su disposición a aceptar la responsabilidad esencial que debería acompañar su lugar privilegiado en la sociedad. Chomsky resumía de este modo esa responsabilidad: es la que consiste en “contar la verdad y revelar las mentiras”. Los intelectuales gubernamentales se definen por su renuncia más o menos explícita a cumplir con ese papel, siempre en nombre de intereses prácticos que aceptan como razón de Estado.

Cinco decenios atrás Chomsky, un incansable activista en la izquierda radical de su país, describió un fenómeno cultural que no se agotó, pese al fracaso de la participación norteamericana en Vietnam, anticipo del muy actual fracaso en Afganistán. El virus y su inquietante “nueva normalidad” no hicieron más que potenciarlo.

También ahora el divorcio entre verdad y conveniencia ha dominado la reacción mayoritaria de los intelectuales ante las anomalías aceptadas como respuestas válidas frente a la pandemia. Los expertos (infectólogos, virólogos, biólogos, bioquímicos) impusieron el mismo tipo de discurso único que marginó toda posible disidencia, y lo hicieron otra vez en nombre de necesidades políticas y de un intocable interés superior. Si la historia se repite, puede que ahora estemos conociendo su versión más extrema.

Por: Jorge Martínez / La Prensa