Por Vigdis Hjorth
Mármara Ediciones-Nórdica. 441 páginas

Esta novela vuelve a corroborar aquello de que en todas partes se cuecen habas. Sus páginas amargas, nerviosas, revelan que en la civilizada Escandinavia también pueden estallar agrias disputas entre hermanos por una herencia familiar y que allí son muy capaces de llevarlas hasta sus últimas consecuencias, con latina obcecación.

Ese es el tema del libro, que se presenta como novela pero que cuenta una historia basada en hechos reales que destruyó la relación de la autora con su familia. El núcleo del argumento es tan pedestre como suena: el vulgar reparto de dos casas de veraneo entre cuatro hermanos.
La narradora y protagonista, Bergljot, segunda de los cuatro, queda excluida junto con su hermano mayor, Bard. Salen beneficiadas las dos menores: Astrid y Asa. Todo ha sido dispuesto en vida por los padres, a los que Bergljot dejó de ver 23 años antes del momento en el que comienza la disputa económica.

De esa herencia se trata en primer término. Pero a medida que avanza el fragmentario relato en primera persona, siempre en un estilo indirecto que presenta todo bajo la subjetividad de una voz narradora que por momentos satura y aburre, va surgiendo otro tipo de herencia. Es un hecho aberrante que afectó la niñez de Bergljot, que reapareció dos decenios atrás cuando decidió tomar distancia de su familia y que vuelve ahora en medio del conflicto por la cesión de las casas de veraneo en el poblado costero de Hvaler.

Hacia la mitad de la novela muere el padre y todas las desconfianzas y recriminaciones se concentran en la madre sumisa, “dependiente” e “impotente” pero a la vez adúltera con la que Bergjlot nunca congenió y a la que creyó enfrentarse por el favor del padre.

A la par de esos dos conflictos, uno testamentario y el otro terriblemente personal, se ofrecen reflexiones sueltas, como quien va pensando en voz alta, acerca del sufrimiento, el perdón, el olvido, la reparación, la reconciliación. “Qué reprimimos, qué negamos, esa es la pregunta que tenemos que hacernos una y otra vez -escribe la narradora- para que no nos cieguen nuestros nuevos inventos de alta tecnología, nuestros avances científicos, nuestros impresionantes edificios de lujo, nuestra ordenada y regulada sociedad…”.

La herencia cosechó un notable éxito de ventas y de crítica en Noruega al publicarse en 2016 y recibió varios de los principales galardones del país septentrional. Mucho debe haber influido el hecho de que cuenta un episodio real, que desató una controversia pública entre la autora, Vigdis Hjorth (Oslo, 1959) y una de sus hermanas, que la acusó de ventilar una incómoda querella íntima, y respondió publicando su propio libro al respecto.
De allí que se la haya comparado con la enorme saga de “autoficción” Mi lucha, del también noruego Karl Ove Knausgard, un escritor que, cabe aclararlo, cuenta con mucho más talento que Hjorth, está dotado de mayores recursos narrativos y exhibe una muy superior ambición literaria.

Por: Jorge Martínez / La Prensa