Por Siri Hustvedt
Seix Barral. 410 páginas

Un sello editorial ha creído oportuno publicar un cajón de sastre de Siri Hustvedt (Minnesota, 1955). Madres, padres y demás, en efecto, reúne apuntes de las más variadas procedencias, con una calidad muy despareja. Es el precio que suele pagarse cuando se imprime como libro lo que nació para ser otra cosa.

El volumen incluye, básicamente, dos temáticas: recuerdos familiares y comentarios literarios. Los primeros son insulsos (efecto tempestad en tubo de ensayo) y apenas atrapan la inmensidad de las planicies de Minnesota (¡Oh, Fargo!). Los segundos basculan entre lo mediocre y lo interesante. Uno tropieza con sentencias francamente ridículas como ésta: “”El arte es como el sexo. Si no te relajas, no lo disfrutarás” (“El futuro de la literatura”, conferencia en Oslo, 2017).

Sin embargo, como decían los antiguos, no hay libro tan malo que no incluya algo bueno. El lector podrá disfrutar de dos sagaces críticas. La señora Hustvedt desmenuza Persuasión de Jane Austen (es el prólogo de otro libro) y Cumbres Borrascosas de Emily Brontë. Aunque la deconstrucción es lo suyo, la ensayista hace un valeroso esfuerzo para escapar de una moda estadounidense: la indignación moral ante los clásicos. Dispara (y da en el blanco) en la página 227: “Limpiar la literatura de las manchas de la misoginia, el racismo y la xenofobia, por no hablar de otros innumerables delitos horribles contra la especie humana, reduciría en un abrir y cerrar de ojos nuestras bibliotecas a un tamaño alarmante de unos pocos volúmenes bendecidos por aquéllos que han asumido la ardua tarea de la depuración literaria”.

Hay que destacar que el volumen será de utilidad para aquéllas personas interesadas en la llamada “perspectiva de género”. Siri Hustvedt es una de las campeonas del movimiento feminista (en el modo suave), lo que podría haber generado cierta sobrestimación de su talento literario. No estamos ante una Doris Lessing o una Alice Munro. Estamos uno o dos escalones más abajo y se percibe en los textos. En la página 161, se culpa a Platón por la discriminación hacia los libros escritos por mujeres; supuestamente es el filósofo que ha moldeado el pensamiento de Occidente.

En el último capítulo leímos un brillante artículo periodístico. Hustvedt evoca a Sylvia Marie Lickens, una niña torturada y asesinada por una mujer diabólica y sus hijos, en Indiana, década del sesenta. Para explicar la barbarie, la autora llama al estrado al erudito francés Gustave Le Bon, quien propuso la teoría de la mente grupal: “…una fuerza inconsciente creada por contagio de un sentimiento que vibra a través sus múltiples partes individuales hasta convertirse en una realidad mental única. La multitud es crédula y fácilmente influenciable por medio de la sugestión…”.

¿No es eso lo que nos ha ocurrido en la maltratada Argentina? Una nación vejada -y acaso asesinada- por la mente grupal populista.

Por: Guillermo Belcore / La Prensa