Por Stefan Zweig
Ediciones Godot. 120 páginas

Stefan Zweig (1881-1942) fue de los escritores más populares del mundo en la primera mitad del siglo pasado. Novelista discreto, cimentó su fama en la divulgación histórica, las biografías más o menos noveladas y el memorialismo. Sus libros, claros, accesibles, de prosa límpida y estructura clásica, fueron traducidos a numerosos idiomas y leídos con entusiasmo en todas las latitudes.

El sello local Ediciones Godot creó este año una colección dedicada al autor austríaco editando una decena de sus obras más representativas, en nuevas traducciones adaptadas al castellano que se habla en hoy en el Río de la Plata. Una partida de ajedrez fue de los primeros títulos en ser publicado.

Leída en este año de cuarentenas, aislamientos, soledades forzadas, vínculos rotos y viejas y nuevas normalidades, la obrita aparecida originalmente en 1941 cobra un nuevo significado, que no se les pasó por alto a los más recientes editores.

En efecto, el tema del encierro tiene un papel central en la anécdota modesta que se relata en la novela. La partida que se cuenta es literal pero también reviste una simbología evidente por la época a la que alude (la consolidación del nazismo en Austria a partir de 1938) y los personajes que participan de ella.

El duelo, o mejor dicho, la serie de duelos ajedrecísticos, tienen lugar en un transatlántico en viaje de Nueva York a Buenos Aires. Un campeón mundial, parco y apático, es descubierto entre los pasajeros por el narrador y un cómplice con mucho dinero. Ganados por el esnobismo, juntos lo desafían a jugar partidas simultáneas a modo de apuesta mientras dura la travesía. El campeón accede a regañadientes y, por supuesto, los vence repetidas veces sin despeinarse. Hasta que interviene un cuarto personaje, un “ángel” misterioso que auxilia a los aficionados, enfrenta con éxito al campeón e imprime un giro argumental a la historia.

Es a través de ese personaje que se cuela en el relato el drama de la persecución por un régimen totalitario y las imprevistas consecuencias benéficas que pueden derivar de un sufrimiento injusto e inmerecido. El jugador enigmático es un neurótico que encontró en el ajedrez un consuelo, una obsesión y, por último, un camino para reencauzar la vida luego de un período de angustia y tragedia. Es la clase de bálsamo del que no pudo disfrutar el propio Zweig, quien, vencido por la desesperanza, se quitó la vida junto con su mujer en 1942 en Brasil

Con algunas salvedades, la versión de Nicole Narbebury es correcta por su fluida claridad, y en gran medida justifica la edición de este breve clásico.

FUENTE: Laprensa