Whitehead en tiempos de debacle
Por Isabelle Stengers 
Fondo de Cultura Económica. 107 páginas

Se puede decir que a la pregunta por la decadencia de nuestra civilización le sucede la pregunta por una debacle. Ya podemos oír los crujidos y las grietas de los glaciares que desencajarán el suelo que teníamos definido como seguro. Mentes claras anuncian que hemos entrado en el Antropoceno, la Edad del Humano, aquel que descubre que él impactó al mundo de un modo tal que la misma historia planetaria se vio afectada, analiza la autora de este ensayo, la filósofa belga Isabelle Stengers. Y en ese marco, también se pregunta cómo salir de este vivir en las ruinas.

Para esa tarea vuelve a su autor preferido y más estudiado por ella: el reconocido filósofo y matemático inglés Alfred Whitehead (1861-1947). Frente a un mundo donde ya nada es seguro en cuanto a valores, relaciones, paradigmas y creencias, apela a la reactivación del sentido común “…aquel que rumia los aspectos de la existencia, los pone en manos de la filosofía para que los elucide dándoles una comprensión coherente”.

“La actitud filosófica -plantea Whitehead- es una tentativa de ensanchar el campo de aplicación de toda noción que haya entrado en el pensamiento corriente. El esfuerzo filosófico toma cada palabra y cada giro de expresión verbal del pensamiento y se pregunta: ¿qué es lo que esto significa?”.
Siguiendo al pensador británico, Stengers sostiene que el objetivo será buscar activar las palabras sin cesar, resumergirlas en situaciones que pertenezcan a la experiencia corriente de un modo tal que esa experiencia no permita definirlas, sino que reciba el poder de engancharlas en una aventura “especulativa”. Y citando a Whitehead explica: “La filosofía comienza en el asombro. A término, cuando el pensamiento filosófico ha hecho lo mejor que pudo, el asombro permanece. Le habrá agregado, no obstante, una cierta comprensión de la inmensidad de las cosas y cierta purificación de la emoción gracias a la comprensión”.

Y acá es donde entrará a jugar el sentido común. Según desarrolla Stengers, Whitehead hizo del sentido común una condición para la filosofía, porque, así entendida, debe rechazar la libertad a la que se abocan los pensamientos especializados que expulsan o excluyen lo que es incompatible con sus presupuestos y que, llegado el caso, se glorifican de “escandalizar al sentido común”.

Lo propio del filósofo es consentir la aventura, participar. La filosofía tiene por tarea “soldar el sentido común con la imaginación”, como una especie de reto. Una tarea que comunica directamente con lo que él considera la debilidad peligrosa y tal vez letal del mundo moderno. Las teorías modernas, concluye Stengers, se glorifican de descalificar el sentido común, de convencerlo de remitirse a la autoridad de los que saben. La tarea de la filosofía, se puede decir, es reactivar el sentido común.

Analiza, desde esta óptica que rescata el ensayo, la importancia de los hechos, el arte de las convenciones, la especulación y la oportunidad de la sociedad para adaptarse a los nuevos tiempos.

Por: Pablo S. Otero / La Prensa